ORPHEU

"Yo no soy yo ni soy el otro, soy algo intermedio”

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Lugar: MADRID,LEÓN,ALGARVE

miércoles, enero 18, 2006

Un viejo resignado que está dispuesto a resignarse.

Cuando cambiamos del 3-2-3 al 3-4-1, me adapté.
Cuando pararon de jugar la pelota con el pie después de un placaje, me adapté.
Cuando se permitió jugar mientras no se perdiera posesión y eso no fuese avant, me adapté.
También me adapté cada vez que se cambió el valor de los puntos por el drop y por el ensayo.
Cuando fueron los talonadores quienes comenzaron a arrojar la pelota en los laterales, me adapté.
Cuando las montoneras se convirtieron en rucks, aprendí el nuevo vocabulario.
Cuando el entrenador era un hombre del deporte y no solamente el responsable del transporte, lo acepté.
Cuando los pilares comenzaron a ser penalizados por sus mañas y dejó de existir el dribling, supe que ya nunca podría volver a jugar.
Hasta me adapté cuando empezaron a aparecer los carteles de propaganda alrededor de las canchas.
Protesté, aunque luego suspiré y ponderé, por esas gruesas publicidades que aparecieron en la camiseta que tanto amaba.
Cuando la pelota marrón de cuero con gajos desapareció para ser reemplazada por esa blanca o grisácea plástica insensible, igual la recogía y la ponía en mi bolsa para ir a jugar.
Cuando los talonadores dejaron de talonar, cuando le pelota pudo ser introducida en cualquier clase de ángulo, apreté los dientes y seguí perteneciendo al deporte.
Cuando desapareció la patada torpedo a cambio de una extraña forma de patear de los australianos, yo me adapté.
Cuando dejaron entrar las mujeres al tercer tiempo, todavía encontré algún rincón agradable donde tener reminiscencias con mis amigos.
Cuando las mujeres comenzaron a jugar al rugby, yo me adapté con la pretensión de que eso no existía y la esperanza de que eso pronto fuera a acabar.
Cuando llegaron las hinchas y la piroctenia y se bailaba con música enlatada, no lo miraba pero me concentraba en lo mío y confiaba en que el resto de los jugadores hiciera lo mismo.
Cuando los jugadores comenzaron a abrazarse como futbolistas después de conquistar un ensayo y a gritar y cantar en lugar de saludar complacidos al terminar los partidos, me aparté con cierto dolor, pero mantuve la calma.
Cuando le permitieron a los que jugaban el rugby league volver para jugar en nuestro deporte, los ignoré y nunca aprendí sus nombres.
Cuando me empezaron a dar dinero por hacer mi tarea en el club, dije gracias y puse el dinero en la alcancía de los pobres.
Cuando comenzaron a nombrar a los jugadores por los números de sus camisetas como si fueran ganado y no seres humanos, yo seguí llamándolos por sus nombres y lo sigo haciendo.
Cuando me empezaron a hablar con toda clase de palabras grandilocuentes como fases, defensa agresiva, los cinco fortachones y la tercera línea, cruzes, simuladores, traté de aprenderlas, pero en mis tiempos éramos los quince fortachones y no solamente cinco y cantábamos toda clase de cantos que lo demostraban.
Cuando permitieron que se levantara en el lateral, cerré los ojos y recé pero me callé la boca.
Cuando el hombre que estaba al lado mío silbó al pateador visitante para ponerlo nervioso, no le pegué.
Cuando en lugar de placar a un adversario, uno lo topeteaba, me desagradó pero seguí mirando.
Cuando los árbitros comenzaron a aconsejar y dar instrucciones, me callé la boca con un alto nivel de desconcierto.
Cuando los jueces de touche comenzaron a hacer flamear sus banderas y a decirle al árbitro que debía hacer, quedé agradecido a mis días de jugador, pero acepté el cambio.
Cuando la cerveza y la carne fueron reemplazadas por bebidas energizantes y pastas, no comprendí bien lo que pasaba pero me adapté
Pero cuando recogí las cosas de valor en el vestuario antes del partido y la mayoría de ellas eran aros y pendientes, fue cuando decidí escribir esta carta.